jryan01
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Serie de TV año 2015.-
Título original: Childhood's End (El fin de la infancia).
Título original: Childhood's End (El fin de la infancia).
Argumento:
Escrito por Arthur C. Clarke y aclamado como una obra revolucionaria de ciencia ficción desde su publicación en 1953, Child's End sigue la pacífica invasión alienígena de la Tierra por parte de los misteriosos “Señores”, cuya llegada comienza décadas de aparente utopía, a costa de la identidad humana y la cultura. Sin embargo, las verdaderas implicaciones de la llegada de los Señores Overlords pueden ser mucho más peligrosas.
**Childhood’s End** —también traducida como *El fin de la infancia*— es una miniserie de ciencia ficción de Syfy estrenada en diciembre de 2015. Adapta la novela homónima de Arthur C. Clarke, publicada en 1953. Tiene **tres episodios**, de alrededor de cuatro horas en total, y cuenta una historia completa. Entre sus protagonistas están Charles Dance como Karellen, Mike Vogel como Ricky Stormgren y Osy Ikhile como Milo Rodricks.
**Sinopsis.** Un día, enormes naves extraterrestres aparecen sobre las principales ciudades de la Tierra. Sus visitantes, llamados los Overlords, prometen acabar con las guerras, el hambre y las enfermedades. La humanidad entra en una era de paz y prosperidad, pero los alienígenas mantienen en secreto su aspecto y sus verdaderos propósitos. Con el tiempo, algunos humanos empiezan a temer que esa utopía tenga un precio, sobre todo cuando los niños comienzan a cambiar.
La paz de los Overlords no es el objetivo final: preparan a la humanidad para una transformación evolutiva. Los niños desarrollan capacidades extraordinarias y se convierten en el siguiente paso de la especie, dejando atrás la individualidad humana y uniéndose a una inteligencia cósmica superior, la Mente Suprema. La humanidad adulta desaparece y, al final, la Tierra también queda destruida. La idea es deliberadamente ambivalente: se puede interpretar como una trascendencia hacia algo más grande, pero también como la pérdida definitiva de la humanidad tal como la conocemos. Los Overlords no son exactamente los salvadores de la humanidad: cumplen el papel de guías de una transición cuyo desenlace no controlan por completo.
El título alude a que la humanidad, como una niña, alcanza la madurez y deja atrás su forma anterior de existir. Pero Clarke le da un giro inquietante a esa metáfora: “crecer” no significa que las personas adultas prosperen, sino que la especie sea reemplazada por otra etapa de la evolución.
La miniserie conserva ese núcleo filosófico de la novela, aunque modifica y condensa personajes y acontecimientos.
La producción tiene una premisa potente, buenas imágenes y un Charles Dance especialmente convincente como Karellen. La crítica fue más bien favorable, aunque no entusiasta:
Sus puntos más discutidos son el ritmo y la condensación de una historia que en la novela abarca mucho más tiempo; algunos personajes añadidos o modificados reciben bastante atención, mientras que ideas y tramas importantes quedan tratadas con rapidez. En resumen: puede funcionar bien como ciencia ficción televisiva de gran escala, pero la adaptación no convence a todo el mundo en cómo desarrolla —y visualiza— su desenlace.
**¿Por qué tuvo una sola temporada?** Porque se concibió como una **miniserie de tres partes**, no como una serie abierta esperando renovación: adapta una novela con principio y final y desarrolla su conclusión en el tercer episodio. Por eso no es correcto entenderla simplemente como una serie cancelada tras una temporada. Algunas reseñas posteriores señalan que no tuvo buenos índices de audiencia, pero eso no cambia el hecho principal: la historia televisiva se presentó como un evento limitado y quedó cerrada.
Se rodó entre 2014 y 2015, en Melbourne y otros lugares del estado australiano de Victoria. La preproducción empezó en septiembre de 2014 y el rodaje principal comenzó en noviembre; la filmación se extendió durante unas 13 semanas, repartidas entre 2014 y 2015.
La apariencia de los Overlords está hecha para provocar justo esa reacción: tienen cuernos, alas y rasgos asociados con el diablo. El contraste es intencional: llegan hablando de paz y bienestar, pero su aspecto hace que la humanidad —y el público— desconfíe de ellos. La pregunta incómoda no es solo «¿son buenos o malos?», sino ¿basta con que traigan prosperidad para aceptar que gobiernen y decidan el futuro de la humanidad? La serie también los presenta como una autoridad paternalista: alivian males reales, pero la humanidad pierde autonomía y, finalmente, deja de existir como antes.
En la novela, hay además una explicación fantástica para el parecido: la imagen de los Overlords no sería un recuerdo de que demonios hubieran visitado a los humanos, sino una especie de premonición, transmitida desde el futuro y convertida con los siglos en las figuras del diablo de las leyendas.
La serie conserva el impacto visual de esa revelación, aunque la usa sobre todo como un golpe dramático y como símbolo de la inquietud religiosa y cultural ante los visitantes.
Yo lo leería como una inversión provocadora de símbolos religiosos, más que como una simple historia “anti-religiosa”. La serie pone en crisis la fe porque los Overlords parecen cumplir el papel de salvadores: acaban con guerras y enfermedades, y la religión pierde influencia. Pero no demuestra que las religiones “mintieran”; muestra cómo una sociedad podría abandonar sus creencias ante un poder que parece resolverlo todo. La serie incluso presenta esa pérdida como algo doloroso para personajes creyentes.
Lo de que los humanos hayan recibido la historia “distorsionada” funciona como posibilidad dentro de la ficción: el parecido de Karellen con el diablo sugiere que las imágenes demoníacas de las culturas humanas podrían ser una anticipación o huella psíquica de los Overlords, no el recuerdo de que ellos fueran malvados. El productor explicó que querían que Karellen pareciera “el diablo” de forma muy reconocible, precisamente para que el espectador sintiera ese choque. Es un recurso de ciencia ficción que invierte el símbolo; no una afirmación sobre la historia real de las religiones.
La miniserie sitúa la llegada de los Overlords en 2016; Karellen revela su aspecto unos quince años después y el segundo episodio salta otros cuatro años, hasta 2035. En la novela, la espera antes de revelar su apariencia era de cincuenta años, así que la adaptación la acortó considerablemente.
Así que sí: puedes verla como una obra subversiva en el sentido de que descoloca la frontera entre lo demoníaco y lo benévolo, y pone en duda quién tiene autoridad para definir el bien, el mal y el destino humano.
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