Perfil profesional y personal
John Whiteside Parsons (conocido como Jack Parsons) fue una figura singular cuyos logros técnicos y vida personal se entrelazaron de manera inesperada y contundente. Pionero de la ingeniería aeroespacial en Estados Unidos, cofundó el Jet Propulsion Laboratory (JPL) y desarrolló el primer cohete de combustible sólido en el país, contribuyendo de forma decisiva a las bases tecnológicas que permitieron las posteriores misiones espaciales y, en última instancia, el éxito del programa que llevó al hombre a la Luna en 1969. Su trabajo en JPL y en Aerojet sigue siendo un referente en la comunidad aeroespacial.
Nacido el 2 de octubre de 1914 en Los Ángeles, California, Parsons mostró desde joven una inclinación marcada por la ciencia y la tecnología ; su capacidad técnica y su iniciativa práctica lo situaron entre los fundadores del desarrollo de cohetería en Estados Unidos.
Vida personal y creencias
Parsons fue una personalidad compleja: brillante en el laboratorio y apasionado por prácticas espirituales fuera de lo convencional. Rechazaba las normas establecidas y adoptó un estilo de vida bohemio que lo llevó a explorar filosofías y prácticas alternativas. A mediados de la década de 1930 se involucró profundamente en el ocultismo y, más tarde, entró en contacto con la Ordo Templi Orientis (OTO), organización vinculada a Aleister Crowley. Parsons ascendió rápidamente dentro de la OTO y llegó a liderar la Agape Lodge en Pasadena, California, adoptando las ideas de Thelema —“Haz tu voluntad será toda la ley”— que resonaban con su anhelo de libertad personal y espiritual.
Relación con Aleister Crowley e influencia esotérica
La relación con Crowley fue influyente y, en cierta medida, formativa para Parsons: el ocultista británico ejerció sobre él un papel de guía espiritual. La combinación de sus escritos técnicos y sus actividades esotéricas dejó un legado duradero en ámbitos muy distintos: la ingeniería de cohetes y las comunidades esotéricas, donde sus prácticas y textos siguen siendo objeto de estudio.
Balance y legado
Parsons fue una figura contradictoria: su obra técnica ayudó a cimentar la industria aeroespacial estadounidense, mientras que su vida personal y su militancia en corrientes ocultistas lo convirtieron en un personaje polémico y fascinante. Su historia ilustra cómo la búsqueda del conocimiento y de la libertad personal puede tomar caminos extraordinarios y a veces contradictorios.
Nota personal — experiencia militar y observaciones sobre poder y corrupción
En mi carrera militar he observado una amplia gama de comportamientos: académicos, profesionales y también actores involucrados en prácticas poco éticas. A comienzos de 2003, antes del 25 de mayo, recuerdo una situación reveladora: cenando con un teniente general, recibió una llamada de representantes de un movimiento populista; la pregunta era si el Ejército acompañaría al nuevo gobierno. Su respuesta, contundente y pública en su estudio, fue: “El Ejército no se involucra en política.” Posteriormente, otros oficiales fueron cooptados por dinero.
Aquel teniente general me dijo sin rodeos —yo era un joven oficial— que olvidara aspirar a coronel en los años siguientes: “Estos hijos de puta vienen para quedarse 30 años.” No acertó por completo: se quedaron 20 (2003–2023), pero el punto era claro. Durante esas dos décadas se produjeron saqueos y corrupción a gran escala —se calcula que se apropiaron de cientos de miles de millones de dólares— y el daño a la vida institucional fue profundo.
No soy un intelectual de salón; mi formación y temperamento son prácticos y directos. He conocido redes de corrupción en América Latina, Europa, Estados Unidos y la Federación Rusa, donde operan de manera más discreta. En mi caso personal, dejé de ascender a Teniente Coronel por no plegarme a determinadas exigencias de pertenencia a organizaciones que exigían lealtades inconfesables a cambio de carrera. He visto cómo el poder compra voluntades y corrompe estructuras, y cómo quienes quedan en lo más bajo de esa pirámide sufren las peores consecuencias.